Totti y su historia…

En muchas ocasiones escuche historias tristes sobre mascotas a quienes sus dueños habían abandonado o que eran maltratados, conocí un par de casos pero no entendía el realidad como una persona podía maltratar a un animal y como ese animal podía “rehacer su vida” en otro hogar. Pero para todo hay una primera vez y ahí es donde “la Totti”, como todos dicen en casa, llega a mi vida a darle respuesta a esas preguntas.


Hace un par de meses llego a casa y mi papá me cuenta sobre una perrita, al parecer de unos dos años de edad y de raza Siberian Husky, que era maltratada y había sido rescatada por el hijo de un amigo de mi padre, pues sin dudarlo le digo que puede llevarla a la casa para revisar que sucede con su salud y llevarla a un veterinario, al siguiente día la encuentro en mi casa, una preciosa perrita que con solo verla se asoman las lagrimas a mis ojos, es tan dulce y temerosa y cada vez que intento acariciarla se agacha pensando que es para golpearla, tan nerviosa se mueve por la casa con dificultad pues se alcanzan a ver sus costillas por la mala nutrición que ha llevado y no puede caminar bien porque tiene una pata delantera lesionada y eso la hace cojear.

Al siguiente día la llevamos al veterinario para que prescriba medicamentos y todo lo necesario para ella, comida, vitaminas y demás. Con eso iniciamos el proceso de recuperación y de “rehacer su vida” aún indecisos si conservarla o esperar a que se recupere para buscarle un nuevo hogar inicia el proceso de adaptación en casa.

Los primeros dos días se le dificultaba dormir, por lo que nos conto el héroe que la rescato, a ella la sacaban a la calle a dormir, a patadas y con gritos, dicho y hecho se le es casi imposible dormir profundamente con el ruido cotidiano que hay en casa, cada movimiento la hace reaccionar y es hasta el tercer día que después de caricias que ella misma se gana por ser tan dulce le digo que se suba al sofá junto a mí y listo, tras un profundo suspiro queda profundamente dormida y aunque yo me levanto del sofá ella logra quedarse ahí dormida, me robo el corazón, ella me transmite tanta tranquilidad y tanto cariño, es imposible no darle una caricia a esa carita que de repente se recuesta en tu pierna y te ve con esos preciosos ojos azules.

Pero ese no era el único problema, a los días nos damos cuenta que no ladra, ni aúlla, ni emite sonido alguno y al parecer entre la lesión que tiene en la garganta por las patadas su miedo no le permite ladrar y ahí me ven en el patio junto a mi perro aullando para hacerla aullar, después de una semana por primera vez la escucho emitir un pequeño aullido.


Con el paso de los días notamos que mi perro juega y trata de compartir sus juguetes con ella, mas sin embargo ella no entiende, realmente nunca ha tenido juguetes y no entiende que es jugar y me ven ahí tratando de hacerle entender en qué consiste jugar con la pelota, morder un juguete o simplemente correr tras algo que se le tira, pero lo va logrando y se emociona, mueve su cola y se agita esperando ser parte del juego ella también.

Ya han pasado los días y ya no se notan sus costillas, corre por la casa, duerme profundamente, sale a recibir a cualquier miembro de la familia y tiene su propio plato de comida y su collar… y para mi familia y para mi ella simplemente no es “la Totti” es Totti Cardona, la nueva integrante de la familia.

 

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